Todos sabemos la máxima neo-liberal:
lo público gestiona mal mientras que lo privado bien. Lo público absorbe
recursos en forma de impuestos que dejan de ir al consumo y la inversión. ¿Cómo
salir de la crisis?. La respuesta es de cajón: reduzcamos lo público y,
consiguientemente los impuestos y que la iniciativa privada sea la impulsara
del bienestar general. Aún más: la historia no confirma la veracidad de esta
tesis, no el vano los modelos socialistas han fracasado en todo el mundo, no
digamos el comunismo.
El cuestionamiento de la
Administración es lógico en el contexto actual: a fin de cuentas somos más
pobres y cuanto menos tienes menos gasto público poder hacer, es de cajón a fin
de cuentas. Es innegable el despilfarro de los últimos años en obras suntuosas,
financiación de proyectos dudosos, gasto superfluo en el aparato
administrativo. Nadie con dos dedos de frente puede alegar algo en contrario.
Pero poco cuestiona miento existe en
cuanto a la forma de gestionar lo privado. El mercado debe mandar sin duda. Resulta
significativo que el mundo académico en raras ocasiones se plantee si los
mecanismos de gestión del ámbito privado son los adecuados. Es dogma de fe que
el gestor de empresa es eficiente por principio.
La crisis mundial surge en el sector
financiero norteamericano, con decisiones catastróficas tomadas por
multimillonarios ejecutivos que se fueron a su casa con los bolsillos llenos
sin rendir cuentas de sus actividades. La ingeniería financiera resultó un soufflé
de componentes tóxicos. Los sagrados principios de la ortodoxia neo-com dieron
como resultado el tránsito del capitalismo productivo a la burbuja ruinosa. Y la
receta sigue siendo reducir lo público.
En España el que fuera presidente de
la CEOE, que proclamaba más horas de trabajo a cambio de menos sueldo hoy se
encuentra entre rejas. El desmadre de las Cajas de Ahorro fue posible por la
ausencia de control de la Institución encargada de velar por la seguridad de
todos, el Banco de España, uno de los innumerables botines de guerra de la clase
política. Pero ya saben, para salir de la crisis sólo hay que reducir la
Administración.
España está endeudada, es verdad. Pero
su deuda pública es asumible. ¿Qué no resulta soportable?. La deuda privada.
Deuda derivada de la locura crediticia de entidades financieras no gestionadas
precisamente por funcionarios. ¿Cómo salimos del atolladeros?. Con menos
empleados públicos.

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