En épocas como ésta en las que la Oferta de Empleo Público se congela de forma irreversible, existe una oposición en auge: la de tertuliano. No resulta infrecuente en zappear de una cadena a otra y ver siempre las mismas caras discutiendo de lo divino y de lo humano.
El tertuliano profesional surge en los años 80, coincidiendo con la consolidación del modelo democrático. Tiene un primer precedente en el programa “La clave” y se extiende por las diversas ondas de radio, alcanzando el grado, de “Parlamentos en la sombra”. Los oyentes se enganchan al cruce de opiniones en un reducido espacio de tiempo, aunque con el paso de los años frente a la mesa compuesta por expertos de diversos estratos se va imponiendo la figura del forofo de las ondas, adscrito a la línea ideológica del medio en el que habla y que , cada vez con más vehemencia, ataca o defiende tesis en la línea editorial de la empresa que le paga. La transición definitiva la marca la mitad de década de los 90, con la aparición de los primeros escándalos de corrupción y el tránsito gubernamental del PSOE de González al PP de Aznar.
Con la estabilización de las televisiones privadas los espacios de análisis políticos quedan configurados con el formato de tertulia sectaria compuesta por una proporción de cuatro o cinco a uno, esto es una mayoría abrumadora que defiende a un bando frente al representante aislado de otro que aguanta estoicamente el chaparrón a cambio de su sueldo. Además, y como sucede incluso con los espacios deportivos, se traslada la fórmula de los programas rosa, consistente en el griterío permanente, la interrupción constante del oponente, un moderador que incita la polémica y el deslice hacia el show televisivo de peor gusto.
El tertuliano profesional ha contado con un temario extenso que ha interiorizado de forma brillante: economía, educación sanidad, cultura, medio ambiente, relaciones internacionales o justicia. Es un cuerpo generalista, capaz de adaptarse a cualquier debate sin despeinarse. Lo mismo discuten un tema de becas, que una sentencia judicial, que las negociaciones en la UE, un movimiento social, la política tributaria, el calentamiento global, un caso de violencia de género o la conveniencia de las rebajas. La seguridad con la que hablan, lo preciso de sus argumentos, la brillantez de sus exposiciones nos dejan bien claro que en este país tenemos gente de talento capaz de resolver cualquier problema que se plantee. En definitiva su proceso selectivo cumple los requisitos de mérito y capacidad. Sólo falla el de igualdad (y tampoco del todo, cualquiera puede enviar su currículo a la COPE o la SER)




