Durante no pocos años la fórmula administrativa de
cara a su gestión de personal era la siguiente: como no puedo dar retribuciones
que me piden, a cambio aumento los permisos.
Ese es el origen de los famosos “Moscosos”, llamados de esa forma por el
ministro socialista que los consagró y que en los últimos años han sido objeto
de una aberrante y disparatada política de aumento/reducción/aumento, en
función de los intereses del Gobierno de turno que juega con el personal como
si de un yo-yo se tratase sin atender a unos mínimos criterios de organización
racional del trabajo, ni al sentido y finalidad que deben de tener los mismos.
Reducidos drásticamente en periodo de crisis
económica, fundamentalmente por el ahorro económico que implicaba en sectores
como Sanidad, en fechas recientes han sido devueltos a mogollón por el Gobierno
Popular, en una medida de tintes electorales que produce vergüenza ajena. No
sólo se han devuelto casi la totalidad de los mismos (algo que entra dentro de
lo razonable cuando la coyuntura económica lo permite), sino que han otorgado
días adicionales en concepto de antigüedad, pero por duplicado: tanto días de
asuntos particulares en función del cumplimento de trienios, como de vacaciones
adicionales a partir de 15 años de servicio.
¿Resultado del despropósito?. Un funcionario con 25
años de servicios (muy numerosos , por cierto) contará con 25 días hábiles de
vacaciones y 9 días de asuntos particulares, a los que hay que añadir los días
festivos anuales 12, los locales 2, y hasta los días 24 y 31 de diciembre,
considerados desde hace años inhábiles. Esto es un total de cincuenta días al
año sin acudir a trabajar. Multiplíquese por todos los funcionarios con una antigüedad
considerable y uno se puede hacer a la idea de las jornadas laborales perdidas
al cabo de año en un colectivo de cuatro millones de trabajadores. Luego, eso
sí, se hablará de falta de medios personales, de atasco de papel, de necesidad
de incrementar el gasto para solucionarlo
La regulación del régimen de permisos es uno de los
mejores ejemplos del desgobierno administrativo y la falta de escrúpulos
sindicales a la hora de pensar en las necesidades de los ciudadanos que
sostienen con sus impuestos el aparato público. Como si en el Gran Bazar de
Estambul se estuviera, políticos y sindicalistas se reparten los “moscosos” y
vacaciones como si de una alfombra se tratase: si no me cuadran los números
meto decretazo y suprimo casi todo, que a fin de cuentas la opinión pública lo
verá bien porqué allí no hay más que vagos, pero al cabo un tiempo si tengo
elecciones cerca, como se dice coloquialmente “me la envaino” y los devuelvo de
sopetón y hasta duplicados, a ver si arranco unos votejos de estos a los que
desprecio pero que , a fin de cuentas, me sacan el trabajo y a ver si así los tengo
contentos.
