martes, 29 de diciembre de 2015

MOSCOSOS AL PESO



Durante no pocos años la fórmula administrativa de cara a su gestión de personal era la siguiente: como no puedo dar retribuciones que me piden, a cambio aumento los permisos.
Ese es el origen de los famosos “Moscosos”, llamados de esa forma por el ministro socialista que los consagró y que en los últimos años han sido objeto de una aberrante y disparatada política de aumento/reducción/aumento, en función de los intereses del Gobierno de turno que juega con el personal como si de un yo-yo se tratase sin atender a unos mínimos criterios de organización racional del trabajo, ni al sentido y finalidad que deben de tener los mismos.

Reducidos drásticamente en periodo de crisis económica, fundamentalmente por el ahorro económico que implicaba en sectores como Sanidad, en fechas recientes han sido devueltos a mogollón por el Gobierno Popular, en una medida de tintes electorales que produce vergüenza ajena. No sólo se han devuelto casi la totalidad de los mismos (algo que entra dentro de lo razonable cuando la coyuntura económica lo permite), sino que han otorgado días adicionales en concepto de antigüedad, pero por duplicado: tanto días de asuntos particulares en función del cumplimento de trienios, como de vacaciones adicionales a partir de 15 años de servicio.
¿Resultado del despropósito?. Un funcionario con 25 años de servicios (muy numerosos , por cierto) contará con 25 días hábiles de vacaciones y 9 días de asuntos particulares, a los que hay que añadir los días festivos anuales 12, los locales 2, y hasta los días 24 y 31 de diciembre, considerados desde hace años inhábiles. Esto es un total de cincuenta días al año sin acudir a trabajar. Multiplíquese por todos los funcionarios con una antigüedad considerable y uno se puede hacer a la idea de las jornadas laborales perdidas al cabo de año en un colectivo de cuatro millones de trabajadores. Luego, eso sí, se hablará de falta de medios personales, de atasco de papel, de necesidad de incrementar el gasto para solucionarlo
La regulación del régimen de permisos es uno de los mejores ejemplos del desgobierno administrativo y la falta de escrúpulos sindicales a la hora de pensar en las necesidades de los ciudadanos que sostienen con sus impuestos el aparato público. Como si en el Gran Bazar de Estambul se estuviera, políticos y sindicalistas se reparten los “moscosos” y vacaciones como si de una alfombra se tratase: si no me cuadran los números meto decretazo y suprimo casi todo, que a fin de cuentas la opinión pública lo verá bien porqué allí no hay más que vagos, pero al cabo un tiempo si tengo elecciones cerca, como se dice coloquialmente “me la envaino” y los devuelvo de sopetón y hasta duplicados, a ver si arranco unos votejos de estos a los que desprecio pero que , a fin de cuentas, me sacan el trabajo y a ver si así los tengo contentos.

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