A nadie debería extrañarle el ascenso
de una alternativa tan, en apariencia, estrambótica como “Podemos”. Convertido su líder en estrella mediática
gracias a la televisión, principal instrumento comunicador de la política
actual, su éxito ha sido tan rotundo que incluso los programas más proclives a
ideas conservadoras no hacen más que hablar del mismo para ponerle a caldo: la
mejor publicidad que jamás `podía obtener la nueva cara de la izquierda más
radical, ya que le señala como anticristo de la derecha y casi enemigo a batir,
por encima del paupérrimo PSOE actual y que , sin duda, le derivará en
numerosos votos procedentes de la izquierda.
Si la crítica esencial que se le puede
hacer a Iglesias es defender un programa utópico a todas luces, conviene no
olvidar que los dos grandes partidos se han caracterizado por un incumplimiento
sistemático de sus promesas electorales. Nadie se lee los programas esos es
claro y cualquiera que tenga el valor de leer el de “Podemos” no podrá sino
esbozar una sonrisa ante los mundos de yuppie en él reflejados. Pero poco
pueden criticar aquellos que sólo muestran interés en la ciudadanía cuando cada
cuatro años se tiene que pasar de forma borreguil por las urnas con la triste
perspectiva de depositar su confianza en aquellos que se sabe a ciencia cierta
que van a pasar del votante para centrarse en sus manejos, pero que se
presentan como las únicas opciones posibles. Las democracias como la española
se asemejan a los supermercados de países tercermundistas: no hay apenas
productos que estimulen la oferta, y por malos que sean se tiene que apechugar
con ellos. Sin embargo, no es menos cierto que el votante dispone desde hace
algunos años de otras opciones: UPD, “Ciudadanos” o la referida coalición
liderada por Pablo Iglesias dejan al elector la poderosa arma que tanto tiempo
ha esperado que no es sino la posibilidad de asestar un golpe a los que tanto
han avisado del mismo.
El sistema electoral español, diseñado
para la defensa de la oligarquía bipartidista, reduce en buena medida la fuerza
del referido golpe. Pero la verdad es que la posibilidad existe, y hay que
aprovecharla. Si los votantes vuelven a otorgar su confianza a cuevas de
ladrones o ineficientes, luego no podrán quejarse mucho. Los dos partidos
dominantes son las organizaciones de Bárcenas, Matas, la Gurthell, los ERES de
Andalucía y su nivel de golfería sólo depende de una variable: el poder que
ostenten en la práctica. Ni más ni menos. Y los ciudadanos no pueden hacer la
vista gorda.