viernes, 19 de junio de 2015

ILUSIONES







Llegan los nuevos ediles y diputados autonómicos con una ilusión desbordante: en muchos casos, ni en sus sueños más remotos pensaban ocupar la posición que el electorado les ha otorgado.
En pocas actividades existe más contraposición entre la ilusión por conseguir unos objetivos y las consecuencias de ,finalmente, obtenerlos, que en la política. Las ideas rumbosas de cambiarlo todo no tardan en encontrase con la cruda realidad: una vez conseguido el poder quiero emprender proyectos que transformen la vida de la gente  nada más llegar a mi  nuevo y flamante despacho tengo que llamar al funcionario de turno, ese que lleva allí no sé cuantos años, y del que no sé si fiarme mucho de él . Empiezo un diálogo sin rumbo:
-       Me gustaría abrir nuevos locales para los sin techo.
-       La partida de arrendamientos es deficitaria.
-       Quiero cambiar los horarios comerciales
-       La normativa no es competencia nuestra.
-       Deseo transformar la imagen turística de la capital.
-       Eso lo hace una empresa que ganó el concurso el año pasado. Si se le rescinde el contrato se le ha de indemnizar.
-       Me gustaría ampliar zonas verdes.
-       El Plan General de Ordenación está en los tribunales desde hace un año. Hay que esperar a ver qué dice la sentencia.
-       Sería interesante abrir una oficina que recogiese las sugerencias de los ciudadanos.
-       Ya existe. No tienen apenas personal. Solo un par de Administrativos y uno siempre está de baja.
-       Miraré con lupa todos los contratos.
-       No nos podemos apartar de los dictámenes de la Junta de contratación.
-       Deseo una auditoría profunda de las cuentas de los últimos seis años.
-       El año pasado ya se hizo. De hecho la Auditora que los realizó está pendiente de cobrar.
-       Y entonces. ¿Qué coño pudo hacer?
-       Firmar estos portafirmas pendientes si no le importa. Su predecesor se largó sin hacerlo y los plazos nos comen. Van con una pequeña nota-resumen sobre su objeto. Sencillita, apenas un folio, se entiende enseguida.

domingo, 7 de junio de 2015

ADMINISTRACIÓN Y FICCIÓN (II): HOUSE OF CARDS

En la actualidad goza de una notable popularidad la serie del mismo nombre interpretada por Kevin Spacey y adaptada a la política americana. Sin embargo, es un buen momento para reivindicar el original, una mini-serie británica de 1990, basada en una novela de Michael Doobs del mismo título y protagonizada por un sublime Ian Richardson, actor que fuera de las islas británicas gozó de una popularidad limitada, pero que en su país se trató de un prestigiosísimo intérprete, en especial en el ámbito teatral.
La serie nos relata las desventuras del intrigante  Francis Urquart (Richardson) un veterano político que en un momento dado se ve desplazado por su partido, el conservador, en el reparto de cargos tras unas elecciones. Urquart, sintiéndose humillado y ninguneado no cejará hasta destrozar política y hasta físicamente a todos aquellos que se interpongan en sus fines, una batalla que le llevará a ser nada menos que Primer Ministro de Gran Bretaña.

House of Cards” es una tragedia de aires shakesperianos que ahonda en el eterno debate surgido en pleno Renacimiento desde la aparición del legendario tratado “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo; si el poder debe de dejar de lado todo referente ético para su conquista y sobre todo, mantenimiento.
Resulta una magnífica radiografía de las interioridades de un partido político moderno: sus complejos cuadros de mandos, las distintas familias que optan por la primacía en el mismo, las desmedidas ambiciones de sus integrantes que hacen muy difícil una convivencia pacífica y las guerras fratricidas para la obtención de puestos y reparto de beneficios inherentes al poder, las complejas relaciones con la prensa, los intentos regeneradores de gente ajena al sistema que termina chocando con la realidad y la influencia que esos juegos políticos tienen en una ciudadanía que , en el fondo, desconoce, la realidad de aquellos que le gobiernan con su voto.
Una visión muy nihilista, sin apenas resquicio a la esperanza, que tiene la virtud de engancharnos irremediablemente hasta el desenlace final. La versión americana mantuvo sus parámetros, adaptándolos al modelo político de mas allá del Atlántico.