jueves, 24 de julio de 2014

RESPONSABILIDAD COLECTIVA


A nadie debería extrañarle el ascenso de una alternativa tan, en apariencia, estrambótica como “Podemos”.  Convertido su líder en estrella mediática gracias a la televisión, principal instrumento comunicador de la política actual, su éxito ha sido tan rotundo que incluso los programas más proclives a ideas conservadoras no hacen más que hablar del mismo para ponerle a caldo: la mejor publicidad que jamás `podía obtener la nueva cara de la izquierda más radical, ya que le señala como anticristo de la derecha y casi enemigo a batir, por encima del paupérrimo PSOE actual y que , sin duda, le derivará en numerosos votos procedentes de la izquierda.
Si la crítica esencial que se le puede hacer a Iglesias es defender un programa utópico a todas luces, conviene no olvidar que los dos grandes partidos se han caracterizado por un incumplimiento sistemático de sus promesas electorales. Nadie se lee los programas esos es claro y cualquiera que tenga el valor de leer el de “Podemos” no podrá sino esbozar una sonrisa ante los mundos de yuppie en él reflejados. Pero poco pueden criticar aquellos que sólo muestran interés en la ciudadanía cuando cada cuatro años se tiene que pasar de forma borreguil por las urnas con la triste perspectiva de depositar su confianza en aquellos que se sabe a ciencia cierta que van a pasar del votante para centrarse en sus manejos, pero que se presentan como las únicas opciones posibles. Las democracias como la española se asemejan a los supermercados de países tercermundistas: no hay apenas productos que estimulen la oferta, y por malos que sean se tiene que apechugar con ellos. Sin embargo, no es menos cierto que el votante dispone desde hace algunos años de otras opciones: UPD, “Ciudadanos” o la referida coalición liderada por Pablo Iglesias dejan al elector la poderosa arma que tanto tiempo ha esperado que no es sino la posibilidad de asestar un golpe a los que tanto han avisado del mismo.

El sistema electoral español, diseñado para la defensa de la oligarquía bipartidista, reduce en buena medida la fuerza del referido golpe. Pero la verdad es que la posibilidad existe, y hay que aprovecharla. Si los votantes vuelven a otorgar su confianza a cuevas de ladrones o ineficientes, luego no podrán quejarse mucho. Los dos partidos dominantes son las organizaciones de Bárcenas, Matas, la Gurthell, los ERES de Andalucía y su nivel de golfería sólo depende de una variable: el poder que ostenten en la práctica. Ni más ni menos. Y los ciudadanos no pueden hacer la vista gorda.

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