martes, 24 de marzo de 2015

¿LEGALIDAD O OBJETIVOS?

La gran lucha del funcionariado se establece entre dos fuerzas que a veces coinciden y en mas ocasiones de la deseadas no: legalidad y eficacia.
Según el modelo clásico la Administración es una organización racional que cumple procedimientos estrictos; su seguimiento garantiza la eficacia indiferente de la misma frente a los peligros y devaneos del poder político.
Para un modelo mas avanzado de gestión pública se debe atender a la eficacia más que a la norma: lo importante es cumplir objetivos no tanto seguir lo que dicen las normas. O más sofisticado: adaptemos las normas a la eficacia y los problemas desaparecerán.
Lo que ocurre que esta última solución mágica ha distado de resultar viable: para empezar en la Administración española la ausencia de políticas públicas destacables en los últimos años raya el erial administrativo. La ausencia de presupuesto puede ser una de las causas mas evidentes, pero dista de ser la única. Difícilmente se puede ser imaginativo cuando lo que ha primado son los intereses partidistas, o sea la corrupción. En rara ocasión se cuestiona la incidencia de una actuación administrativa más allá de ver en quien puede recaer la adjudicación del contrato, para adaptar el concurso a sus características. Por otra parte, en España raro es que se vislumbre un horizonte de actuación mas allá de la obra pública, de forma que la alta gestión pública pasa por un momento mas que oscuro.

Como el funcionario no toma parte de la toma real de decisiones, mas allá que adaptar las normas jurídicas a los intereses de los de arriba, suele encontrase con dos disyuntivas: o se convierte en un obstáculo a todo lo que le mandan invocando tal ley o tal reglamento, o somete su técnica a los mandatos del de arriba ideando modelos de evitación de controles.  Las consecuencias son evidentes: la función pública queda dividida entre el legalista intransigente, tortura de jefes y compañeros del resto de unidades siempre dispuesto a entorpecer cualquier proyecto que pase por su mesa, y el laxo capaz de defender cualquier postura con tal de satisfacer a los de arriba.

¿Cuántos altos cargos conocen esa disciplina llamada Ciencia de la Administración y cuantos funcionarios dominan los sistemas de implantación y evaluación de las decisiones que aplican?

No hay comentarios:

Publicar un comentario